07/07/2009

3ª Etapa: Sigüenza-Medinaceli

Después de la paliza del día anterior, la tercera etapa se presentaba con muchas dudas, sobre todo por parte de los que sufrimos los 100 Km. a pleno sol y las 12 horas peregrinando sobre la bici.
La 4ªEtapa finalizaba en Medinaceli (Soria), y había 3 opciones: relizarla por Anguita junto al nacimiento del Río Tajuña, con un total de 75 Km; ir directos desde Sigüenza por carretera comarcal haciendo 33 Km; o hacerla integramente en tren desde Sigüenza y recuperar así la paliza que algunos nos dimos el día anterior.
Primo y Adrian de Getafe decidieron hacer el recorrido largo de 75 km. Manises y Caracol optaron por el tramo corto por carretera de 33 Km. y Mabel y yo nos tomamos el día de descanso y nos fuimos en tren hasta Medinaceli (15 minutos sin esfuerzo alguno).
Los primeros en llegar fuimos los del tren (logicamente), y la sorpresa fue comprobar que de Medinaceli Renfe al pueblo había 3 durisimos kilometros con un importante puerto de montaña (no exagero al decir que ha sido lo más duro que hemos subido hasta el momento)
Medinaceli no tiene despedicio: arcos romanos, castillo, palacios, catedral, murallas, calzadas romanas, mujeres, padres, hijos, madres sin padres, curas, animales, cielo, sol, pluma, papel, membrillo, luna...

Había 2 opciones para alojarnos, un hostal de 75 € la noche (excesivamente caro) y una fonda rustica de 60 € la habitación doble, así que usando la logica de lo más barato dejamos cerrado el alojamiento mientras el resto del pelotón iban subiendo el pequeño y duro puerto con la lengua fuera. Antes de comer humo amago de perder los papeles y entregarnos al lado oscuro. Las cervezas comenzaron a correr, los chistes fáciles salian a la primera y los picos se alargaron y calentaron peligrosamente. Parecia que había que festejar algo, igual que Caracol finalizaba el viaje ese día y regresaba a Madrid al día siguiente. En cualquier caso, acabamos calientes en la comida, con el pertinente vino de mesa mezclado con sifón edulcorado, carnes braseadas a su punto, postre casero basado en el azucar y final colorido de licores varios. Los ingredientes necesarios para perder los sentidos y retener las justas fuerzas para llegar a la cama y hacer siesta nacional (sin paja ni nada parecido). La tarde pasó entre visitas culturales, algunos optaron por la piscina y al final otros elegimos anochecer regateando botellines bajo la luna, despidiendo a Andrés y apurando su estancia con nosotros. Primo me ha confesado que hecha de menos a Caracol (compartian habitación), imagino que todavia no ha superado verle pasear en pelotas con el cerebro colgando cual trompa de elefante...